Apoya
la tesis anterior la indudable influencia que debió
desempeñar la cuenca del río, especialmente
en su desembocadura, cercana a la que se encuentra
el Morro de Mezquitilla, yacimiento prehistórico,
protohistórico y romano que ha sido excavado
en cuatro ocasiones por el Instituto Arqueológico
Alemán de Madrid, con la brillante dirección
del Dr. Schubart, que ha diferenciado tres grandes
fases de ocupación: poblado prehistórico
de la época del cobre, poblado fenicio y
asentamiento púnicoromano. La primera de
estas fases representa el testimonio material más
antiguo de ocupación humana en el término
de Algarrobo.
Estas
investigaciones arqueológicas, si bien conciernen
más directamente a los habitantes de Algarrobo,
resultan igualmente interesantes para los habitantes
de los términos colindantes, puesto que están
encauzadas a desentrañar las incógnitas
que aún guarda este poblado fenicio, que
fue el primer asentamiento en suelo español
de los comerciantes procedentes de Tiro.
Y
si importante es el Morro de Mezquitilla para conocer
nuestro pasado, no lo es menos la Necrópolis
de Trayamar, consideradas como el más importante
vestigio de la huella fenicia en Occidente.
Se
conocen solamente un total de cinco sepulturas,
de tipo hipogeo, excavadas en la roca. Se construyeron
con sillares, constituídas por cámaras
de planta rectangular. Es excelente la pavimentación,
de losetas finas, y pasillos en rampa para bajar
los cadáveres o los restos incinerados, de
los han sido hallados algunos testimonios en su
interior, así como ánforas de diferentes
tipos junto con algunos adornos de gran valía
artística y arqueológica que se encuentran
en el museo de la Alcazaba de Algarrobo.
También
se han encontrado restos griegos y romanos que no
han sido estudiados con la profundidad que se ha
alcanzado con los fenicios. Los arqueólogos
datan la necrópolis en torno al siglo VIII
a. de C. |